¡AFRODICTUM!
“Lengua doble (o triple, como el tridente-Shin
de la khabbalah), húmeda y retráctil. Veloz.
Viaje numinoso de la dicción a la infante a-dicción.
A la di-sección, a la correcta dicción despellejada
por la espuma de las cosas.
Lengua venérea (venusina y aérea): ¡Afrodictum!”
La espiral de los pulsos
I. Egrégora Mundi
¿Una autoxenografía, un mapeo en el que recorrer las singularidades de mi raza
bastarda, desde la masonería italiana de Don Francisco Salzano hasta la conexión con Transilvania y su gótico anorgánico; o acaso más allá, hasta las alianzas tantas con adorados xenópatas?
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Una estela italiana en la lejana crátera nebular. Rumania a un tiro de qué ballesta (o manía): rubíes serán el lamer de sus costas. Transilvania, donde sus fiordos sin agua (precipicios) brillan tanto en el estigma. Trans-hilvania, que hilván fue a los rumores de marejada –¡desembarcan los parias! ¡desembarcan!– llegados a ninguna estepa. En suspenso prolongado respira el Islote aéreo, que bastardo fue vendido en oblación a un conde sin imagen (ese vamp que piró): de un nóctulo quizá la bitácora llameante. Cunde el despojo si el bufón desiste en la meseta –y la peina y la aumenta hasta el mareo de una mar adorada (se evapora, ay, el oro a su través: hay un ácido, Negro Mar en el zendero). Casi gramaje de Kali, la levita pirotécnica de este brujo, oscuro armamento es a la curva de su antes estático jinete. Siga la curva sus trayectos, sin querer: en la mojada panícula la esperamos, de fósforo, odorizados. Por sonar la flecha del Bósforo, el dardo ni se esfuerza ni aterriza en este claro de uvas resecas.
Laminame, Sonda difusa, que orientás las gargantas hacia los chillidos idos –al alba, ay, albañiles ya. Es partero este Bardo, alarmante y motorizado, como cualquier renovado Cupido.
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Debe haber sido inestable la estampa de su reino, o difusa la toca de sus nidos, ese toque aéreo que al bufón le aventura el Dromos: el camino del dios. A él le toca deslizarse por esta pista de hojaldre, remover sus pilares, exprimir el cremoso corazón que por yacer oculto semeja una roca virginal (las aguas invisibles). La bici-Senda o velocípedo que a él le toca –por tocado–, despunta en cualquier lago (si es que de húmedo lo troca en medalla o talismán). La hierogamia de la Escuadra y el Compás, cuya G central anuda, es también la brasa encendida de los Cárpatos: la punta Gótica del pucho que un quiróptero se adentra antes de resonar en bandada. Así: colgarse fresco ese amuleto y ser llanero de un borrico tricorpóreo. Estar tan seguro de la vía como de siempre mentir. Y, desde el gong ventral, arremeter con brío.
¿De improviso en improviso, rasguear la guitarra por fuera de esas corcheas, ya,
descorchada, ay, espumeante en el derrame de otros ecos?
Diríase que el piélago ya se ofrece a la fría libación del viajante. Digámoslo entonces: la piel del lago ya es cofre de libamen, ofrecimiento de huida para el frágil viajente, lejos de la caldera carpáthica aunque montado en la fría línea de Tisza que atraviesa las napas, la geoconda desmarcada de Transilvania. Irrumpe, angular, el desvío anacondial de Transitalia: por ese vértice se vierte el bufón –por ese vórtice-medalla que imanta el brillo memorial de un país inexistente. Y porque, aún con nombres, las dos regiones están por hacerse, por siempre, ya: por all-ways, ay: por todos-los-caminos en la vía regia de los eones.
Erizamientos fáunicos me tiemblan en la carne descalza –hora en que el bestiario de los fuelles insinúa sus espirales bajo todas las cortezas de la Tierra; hora en que las migraciones inflan sus aguas y bandean la calavera de los vientos.
Dame tu bajamar de partículas, Gallo Insomne de las fraguas; esa que incuba la leonina esclusa por la que ingrávido zumbo.
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Insomnes que paniculan la noche, los engarces equinocciales que profetizan las arenas; Insomnes que alinean los poliedros de las playas desnudas, y jinetean, áureos, el subátomo que nos urde; ultérrimos Insomnes de morada reciente, que avivan las fraguas y aspiran las aguas, que sintonizan el soplo en donde anida la sísmica osatura; ¡porque se enmielen las correas de sus cinchas, Jinetes Insomnes, extraterramos nuestras barcas y talamos nuestros mástiles hasta la dignidad de las agujas! Las provincias untuosas y los suburbios bajo el oleaje son las hélices célibes de esta horda sin terreno. Vamos hacia los extáticos magnetos de nuestro desierto portátil, ¡truena la caldeada coral que sus dunas orquestan!
Fauna trashumante que se multiplica en las aéreas calderas y sobrevuela las aguas, Fauna innumerable, Fauna inédita, con quilla y pinza de bogavantes volutas, ¿a qué prodigar esta dinámica espuma?
Suspendida succión del Insomnio, ¿de qué matiz es tu fuego lacio, tu pócima sin figuras, la estatuaria temblorosa de tus poses?
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Juan Salzano
zensalzano@uolsinectis.com.ar