Primera Persona
“yo era un feto”
H. Michaux
________Yo está de espaldas al campo mirando los rascacielos. Estira el brazo y se rasca el hueco de la nuca con el meñique. Luego pestañea tres veces y entra una mujer voluptuosa con una tetera verde. La mujer tiene tatuada en la frente la palabra MADRE. Yo mira a MADRE. MADRE mira a Yo y piensa en un globo terráqueo. Yo mira a MADRE. MADRE saca de la tetera un pájaro que abre el pico dejando salir una mosca blanca que vuela en círculos y se posa sobre el hombro de Yo. Hay viento. El viento le vuela los girones de pelo sobre el cráneo pequeño. Yo camina un paso a paso lunar.
________Mediodía. Detrás de Yo pasan algunas vacas escuálidas. Yo les huele el sexo con las alas de la nariz desplegadas y tuerce la cabeza en diagonal. Su oreja es un espejo contra el cielo. Yo escucha las voces de las vacas hablando de hombres. Yo piensa que las madres son como vacas en dos patas.
________Se escuchan ruidos de motores, ruedas contra la tierra, piedras. Un camión se detiene delante de Yo, bajan dos hombres con overoles y arrojan un montón de chatarra brillante. Yo pestañea otra vez y hace girar sus rodillas sobre sí mismas. Se inclina, levanta un trozo de metal y recuerda el renglón de un cuaderno de infancia. Los hombres van hacia el fondo y reemplazan el telón de rascacielos por otro de una ciudad bombardeada. Los hombres de overoles miran arriba y hacen una señal hacia el cielo. Del cielo caen copos de telgopor. Los hombres saltan al camión y se pierden en el camino pintado.
________Horas después, unos niños pasan detrás de Yo con carteles que dicen en letras de imprenta: FUTURO. Yo se da vuelta y los saluda con la mano ortopédica. Los niños le responden con muecas obscenas de dedos y boca. Yo imita las muecas. Durante un largo rato, se efectúa un puerco duelo de mímica.
________Cae la tarde. Una adolescente de vestido floreado entra corriendo y comienza a girar alrededor de Yo. La adolescente lleva un cartel en la espalda que dice: PRIMER AMOR. Luego de la vuelta diecisiete se detiene y dice un secreto a Yo. Yo empieza a reir. PRIMER AMOR besa a Yo en la mejilla quemada. Yo trata de quitar el vestido de PRIMER AMOR. PRIMER AMOR le propina una cachetada. Yo cae al suelo. PRIMER AMOR se inclina sobre Yo para ver si respira. Yo se lanza sobre PRIMER AMOR con manos dientes lengua miembro erecto. PRIMER AMOR vuelve a reir. Se revuelcan. Giran uno sobre otro. Se revuelcan. Finalmente, PRIMER AMOR se levanta furiosa y sale. Yo le mira las pantorrillas en fuga.
________Se escucha trinos de pájaros mecánicos. Yo se acuesta en el pasto. Sus párpados de hierro se cierran y palpitan. Yo piensa en el amor como en una enfermedad respiratoria.
________El cielo se contamina de rojo y naranja. Los hombres de overoles regresan con uniformes militares en una moto enana. Se detienen y sacan de un portafolio un uniforme y un rifle para Yo. Le quitan su ropa y le ponen el uniforme. Yo se deja vestir alegremente. Los uniformados reemplazan el telón por un mapa con cruces rojas. Los tres de espaldas miran el mapa. Se escucha rock americano. Los tres bailan frente al mapa una rara coreografía: mano en nariz, rodillas y muslos a izquierda, ombligo, ombligo, hombros adelante y atrás. Durante un largo rato, sacuden brazos y rifles al ritmo de la música. Luego, los hombres se retiran bailando y Yo queda solo.
________Cae un telón de estrellas. Yo mira las estrellas como un diccionario de luces. Yo camina de un lado a otro con el rifle en las manos. Entra uno de los niños de los carteles con una enorme caja de madera que dice FRÁGIL. Yo mete la mano en la caja y saca aserrín. Yo estornuda. Yo sigue revolviendo y toca algo humano. Retrocede apuntando con el rifle a la caja. Del fondo de la caja sale un enorme cuerpo hecho de pedazos de cuerpos. El frankestein lleva una remera que dice PADRE. Yo apunta a PADRE. PADRE sonríe y rompe la caja con sus piernas ajenas. Yo retrocede. PADRE se acerca a Yo y lo alza como a una criatura. Yo patalea en el aire. PADRE baja a Yo y lo deja en el suelo. Yo corre hacia el fondo de estrellas, PADRE corre tras él con sus pies de elefante. Yo choca contra el telón. PADRE mira al ángel caído y va hacia la caja. PADRE mete la mano en la caja y saca un libro. PADRE toma el libro y se sienta junto a Yo de espaldas al telón. Ambos sentados comparten el libro como siameses. PADRE piensa pensamientos de otro . Yo piensa en un triciclo, el mar, la guerra, los acantilados, el pastel de boda, la guerra, las cartas, los aviones explotando en el aire, su primer televisor, la guerra, los botines desatados, MADRE en la bañadera, la guerra, los muslos de PRIMER AMOR. Yo se queda dormido.
________Entran MADRE, los niños con carteles, PRIMER AMOR, las vacas escuálidas, los hombres de overoles y una mosca como un copo de nieve. Todos traen herramientas en las manos. MADRE se pone a serruchar el campo, los hombres arrancan el telón de estrellas, los niños juntan el basural en una pila, las vacas hablan y hablan, PRIMER AMOR arroja querosén sobre el mundo. Yo duerme en medio de la catástrofe.
________La carretera es una lastimadura del campo. Tengo las rodillas embarradas y dormidas contra el piso del camión. Mi madre dice que parezco un conejo cuando tengo sueño. Pero ella misma es un roedor algo obeso de pie frente al espejo del baño. Ella dice que es sano que mi padre me lleve de vacaciones a la Naturaleza. Yo le digo que para mí la Naturaleza soy yo y que no necesito que nadie me rapte para ir a verla. No hay sandwiches. Mi padre retoza el codo en la ventanilla y se adula en bigote al ritmo de la radio. Para él yo soy un animal de verano. Me sube en el camión y al llegar, me arroja a la intemperie. Esta noche me mostrará los nuevos terneros. Saldremos con linterna sin hablar: el haz de la luz en el barro y los hocicos albinos de los durmientes soñando con ubres. De chica, le ponía nombres a los recién nacidos. Para las hembras adoraba los nombres de países: Irlanda, Birmania, Albania y para los machos, números impares. El cuero del asiento huele a nalgas y tabaco. Todos los años mi padre se propone dejar de fumar y tose y mastica chicles de fruta por semanas. Esos días, los peones van de ojos al suelo y lo evitan. Ellos lo llaman a escondidas con nombre de mujer. La falda no me tapa las rodillas y tengo frío. Esta mañana, mi padre me esperaba contra el camión y pasé tontamente de espaldas sin que me reconociera. Mi padre me miró por detrás: supe de sus ojos en mis talones, en mis muslos, en mis pantorillas. Giré la cabecita peinada y el hombre de los bigotes parpadeó. El sweter apretado contra los pechos y la falda de tablas al viento. El sol cae como un lunar sobre la llanura de los pastos gemelos. Las vacas son de cartón troquelado contra el alambrado de falsas geometrías. Mi padre mete la mano en el reverso del asiento y empuña un tubo azul hacia mí. Lo giro: una catarata naranja y enana sobre el vaso de plástico. El jugo tiene gusto a un vino anterior y está tibio. Mi padre enciende un cigarrillo mirándome con todo el frente de su cara. Es un indio de cejas anchas, un vaquero, un ruso insolado con ropa a cuadros. Como un doble de serie americana vuelve los ojos al centro de la cola de asfalto. Va a llover, dice y el cielo es una invasión de helicópteros en miniatura que se estrella contra el vidrio delantero. Un verano los campos se inundaron como colchonetas de agua. Yo chapoteaba, reptaba, me arrojaba resbalando con mis botitas de lluvia y los chicos del pueblo. El hijo del capataz me tiraba del pelo, me incrustaba estrellas de barro contra las piernas. Una tarde, me tiró contra un charco y me besó. Es tarde. Los hombres salen de sus ranchos blancos con la sillita de mirar el poniente. Son los guardianes sentados de las cosas quietas. Algunos parpadean o doblan el brazo del mate o estiran la cara lisa de la mano a los autos que pasan. Mi padre también suele posar en el atardecer de la estancia y me obliga a que lo acompañe. Quedamos inmóviles frente a la pantalla del cielo como figuras pintadas. Ahora, adentro de este camión mirador somos dos mitades absortas. Seguramente mi madre aún no prendió las luces de la casa y es una sombra probándose bikinis , hablando por teléfono con su hermana en idéntica posición y traje de baño. Todo un álbum del verano de las gemelas en colores. Dos mujeres idénticas con tragos y reposeras y siempre algún hombre de espaldas o unos anteojos negros sobre la mesa del mostrador. Cada año, cuando regreso repleta de moretones de campo, la casa es una explana de caracoles vacíos. MI madre cubierta por una corteza marrón de olor a coco, me besa y prende la ducha del baño. Llueve. El parabrisas suena como un reloj contra las paredes de un orfanato. MI padre cierra la ventanilla de mi lado apoyando el antebrazo arremangado contra mis piernas. Del borde de la camisa asoma un tajo como una serpiente blanca interrumpiendo el pelo negro en diagonal. EL día de la cicatriz yo comía manzanas y mi padre era atravesado por el aspa de un tractor. Mi padre entró a la casa con la frente sudada y el brazo rojo enredado en un pañuelo. Hay viento. El aire hace círculos en mi nariz hasta estornudar. Mi padre apoya sus dedos anchos sobre mi cabeza desnuda: ¿Qué hiciste con tu pelo?. El año pasado mi padre me encintaba las trenzas que caían gordas sobre la línea del ombligo. Ahora mi pelo es un casco marrón y abultado nacido de las orejas. Es la moda. El camino se empaña de luces ajenas que embisten contra nosotros. Mis pupilas se desvían y caen los párpados helados sobre la línea de las pestañas inferiores. La luz se transforma en un sinfin de puntos formando figuras circulares. No existen colores con los ojos cerrados. Oigo la rueda deslizándose como música para dormir. Estoy en un parque de diversiones con una escopeta en la mano. Un mono enorme me persigue en los autitos chocadores, le disparo y se agranda cada vez más. Corro entre cientos de niños con copos de azúcar rosados. El mono va tras de mí, sujeta mis piernas, me arroja en el pasto, me muerde las orejas. Abro los ojos. Mi padre fuma en la noche sin luna y se escuchan los pájaros nocturnos. Ya no llueve. Vamos temblequeando por un camino de tierra hasta la tranquera de la estancia. Mi padre baja del camión como de un caballo metálico. Las piernas separadas dentro de las botas sucias. Abre las hojas de la tranquera ante las luces del camión y es un presentador frente al telón de un teatro pobre. La postal de los veranos. Mi padre con el pelo revuelto, el barro y la casa blanca y obesa como una escuela.
El Huevo
________Había soñado con helicópteros, bombardeos, mi madre con botas de invierno, el cielo detrás de un alambrado. Nada de gallinas ni pájaros nocturnos. Y al despertar, un huevo blanco y helado posado entre el colchón y la almohada.
________Sin duda, lo había empollado con la cabeza y el calor de la cama al dormir sola. Hacía tiempo todos habían huido de casa dejándome olvidada en aquella habitación blanca. Desde entonces dormía día y noche, esperando que volvieran mis hermanos. Los sueños se apilaban dentro de mí como la nieve. Soñaba que dormía en una caja de vidrio en un bosque en una montaña en un lago.
________Una mañana rocé con el bracito el cascarón y desperté. El huevo era un poco más grande que un huevo de gallina normal y más duro que cualquier huevo del mundo. Lo sacudí y algo se movió en su interior. Pensé en un pollito o un reptil y le pegué con un martillo. Mis dedos se amorataron pero el huevo permaneció intacto. Ofendida lo abandoné en la puerta de casa. La tierra estaba cubierta de nieve y el sol hacía destellos en la cáscara blanca. Era como una estrella caída como un espejo como una cabeza de linterna.
________El invierno iba arañando la casa y ya no podía dormir. Paseaba como una reina sonámbula envuelta en mi frazada. Durante horas espiaba al huevo, su belleza inmóvil. Luego leía los libros de mi madre o jugaba a las cartas o intentaba dibujar. Lo de dibujar era imposible: todo el tiempo formas ovales, círculos concéntricos, circunferencias con animales adentro.
________Una noche hubo una tormenta de nieve y la casa se zarandeó. Me asomé a la ventana pero el huevo ya no estaba. Alarmada me puse el gorro, los esquíes y la capita y salí a batirme con el viento. Mi pequeñez era graciosa en la tormenta. Todo el tiempo me volaba o salía rodando y debía aferrarme a los árboles con premura. Pasaron horas de esa danza contra el viento hasta que empezó a amanecer y la naturaleza se hizo quieta. Entonces me dormí abrazada a un tronco. Cuando desperté, el huevo le daba la espalda a mi talón.
________Desde esa noche fuimos inseparables. El huevo empezó a parecerse a mí raramente. Me miraba como un espejo sin ojos. Tuve que ponerle un nombre y lo llamé H. Comenzaba a pensar que yo y H éramos los únicos sobrevivientes de la catástrofe.
________Había que demoler el invierno para pasar la frontera en busca de mis hermanos. Resolvimos mientras tanto esperar y pusimos un banderín naranja sobre el tejado. Para la puerta tallé con mi navaja un letrero que ostentaba en cursiva la palabra “orfelinato”.
________En los días de sol me hacía trenzas y con un cordel de paseo sujetaba el cuerpito de H. Dábamos dos o tres vueltas alrededor de la casa. Yo iba con mi tapadito y él tras de mí, en el ínfimo trineo de un cenicero abollado. Era difícil tomar velocidad sobre los escombros. Todas las tardes volvíamos de pasear lastimados.
________Si había tormenta jugábamos al teatro. Él era el protagonista perfecto de todos los dramas. Yo guardaba para mí los papeles menores porque adoraba cambiar de vestuario. De más está aclarar que eran obras mudas. Sabíamos que pronto nos perpetuaríamos en la Historia como la niña y el huevo que revolucionaron el teatro.
________Algunas noches después de las funciones no podía evitar la melancolía. Me sentaba junto al farol de la cocina y escribía largas cartas a mi madre. Madre, he aprendido a sacar fotos en la oscuridad. ¿Has visto cómo se agranda la luna en el bosque? Cuando me baño te veo sentada en el borde de la bañera, a veces estás llorando. No, madre, no me porto mal. Tengo un amigo llamado H. He inventado una canción para cuando te vea llegar. No te tardes. Y así eran cartas y cartas llenas de oraciones en minúscula. Apenas terminaba envolvía una piedra con ellas y las arrojaba por la ventana.
________Siempre que me ponía triste o quería llorar apretaba a H contra mí. Esta costumbre debía irritarlo porque se deslizaba por mi pecho como un nadador. Nada lograba conmoverlo o sí, tal vez estaba emocionado todo el tiempo.
________Hubo noches sin luna y volvieron las pesadillas. Las cabezas cortadas de mis hermanos en la nieve. Yo hundiéndome en el lago. La casa repleta de cascarones vacíos. Mi nombre escrito al revés. En ese momento me despertaba, veía al huevo acostado en su camita de ramas y me preguntaba si estaba dormido o despierto.
________Una de esas noches de pesadilla me desperté con un estallido. Pensé que provenía del sueño y traté de dormir pero empezaron a golpear la puerta. Al asomarme contra el vidrio, vi el borde de un uniforme. Metí al huevo debajo de la almohada y me puse un pulóver sobre el pijama. Eran dos soldados altos y pelirrojos. Llevaban la ropa rota. Hablaban una lengua que no comprendí. Entraron a la casa haciéndose raras señas. Yo trataba de hacerme entender por mímica pero ellos me miraban como a un enano. Les traje la cajita y les mostré las fotos de mis padres. Ellos no se interesaron por las fotos pero sí por los pasaportes y el dinero que había debajo. Me palmearon la cabeza y empezaron a revolver. Los cajones, los libros, la cocina. Pensé que buscaban a H. y me puse delante de la puerta de mi habitación con los brazos en cruz. Uno de ellos me levantó con un dedo desde el escote del pulóver y me arrojó en un sillón.
________Una hora después ambos estaban en la cocina preparando un puré. El más pecoso pelaba las papas y el otro ponía la mesa. Habían juntado dos grandes bolsas con cosas de la casa que no me dejaron tocar. Pusieron un mantel de cuadritos y me invitaron a comer. Al principio me negué pero luego me dieron el plato más grande. El puré estaba muy rico y como me dejaron tomar vino, me emborraché y les conté la historia de mi vida. Yo había nacido hace once años, el día que terminó el armisticio. Mis padres eran intelectuales: mi madre una gran escritora, mi padre, un corresponsal de guerra. Mi padre un día no volvió y un colega nos trajo su oreja en un pañuelo. Mi madre escribió muchos libros después de ese episodio. Todos fueron Bestsellers de inmediato. Mis hermanos gemelos tocaban el piano a cuatro manos. Los dos eran perfectos músicos, dibujantes y escritores siempre que trabajaran juntos. Si los separaban se ponían melancólicos y enfermaban. Ambos profesaban un culto de adoración de mi persona. Me bañaban, me cambiaban los vestidos, me enseñaban a leer. A veces jugábamos a ser mujeres. Robábamos las ropas de mamá y nos travestíamos entre los árboles. Mi madre siempre estaba escribiendo y no podía ocuparse de nosotros. Con el tiempo descubrimos que ya no nos recordaba. Pasaba el día en una batita celeste frente a la máquina de escribir. Al principio, si nos acercábamos nos preguntaba nuestros nombres y nos palmeaba en la cabeza. Después comenzó a arrojarnos objetos cuando nos asomábamos a su cuarto. Una tarde, uno de los gemelos fue tajeado en la frente por una sandalia materna. Desde entonces, hicimos el pacto de no visitarla. Ella no pareció apenarse en absoluto. Nosotros también empezamos a olvidarla.
________Una mañana, nos despertó el silencio en la casa, ni un sólo golpeteo de la máquina de escribir. A paso de liliputienses fuimos hasta su fortaleza. Metimos los ojos en el cerrojo y vimos su cabeza contra el teclado. Ese mismo día, hicimos la ceremonia. Su pelo se había enredado de tal forma a la máquina que tuvimos que enterrarla con ella. Ellos cavaron un pozo junto a un árbol, yo confeccioné una pequeña lápida con un cuaderno y puse un vaso de leche sobre la cruz.
________Días después se desató la discordia en la casa. Los gemelos se disputaban la ropa íntima de mamá y yo no hacía más que comer las provisiones escondida en un armario. En ese tiempo empezaron los bombardeos y llegó la llamada del ejército. Desde ahí, mi vida solitaria.
________Cuando terminé el relato los soldados dormían en sus sillas. Uno de ellos hacía brillar el paladar con cabeza caída contra el respaldo. El otro dormía sobre sus brazos dormidos sobre el puré. Los tapé con una frazada pequeña y les quité las botas. El más pecoso tenía unas medias verdes agujereadas. El otro no tenía medias y le faltaba el dedo meñique de un pie.
________Esa noche dormí abrazada al huevo y por primera vez, soñé que alguien me besaba. Cuando abrí los ojos tenía los labios contra el cascarón. Casi dormida, me pregunté cuál sería el sexo de H., si alguna vez llegaría a saberlo. Di vueltas con los dedos alrededor de la superficie blanca y tuve ganas de romperlo o llorar o comerlo con cáscara y todo. Cuando me levanté de la cama, el sol lastimaba y los soldados se habían ido. Sobre la mesa de la cocina habían dejado un paquete. Adentro había una brújula y un diccionario.
________Los días pasaron derritiendo la nieve. Un día la casa se llenó de pájaros que me tiraban del pelo. Salí y era primavera. El cielo lucía un celeste de estanque y las flores se arremangaban entre los escombros. Con la mano en la frente pude ver el horizonte. La línea de árboles se perdía hacia el sinfin del vallado de la frontera. Más allá, cruzaban los tanques pintados de colores. Había terminado la guerra.
________Entré a la habitación a preparar mi equipo de exploradora: las botas, el diccionario, un vestidito, la brújula, la cantimplora. Puse a H en la mochila y salí. Ya era hora de encontrar a mis hermanos. Cuando pasé los primeros árboles no pude evitar mirar hacia atrás. La casa era un tortuga blanca sobre el pasto manchado. Todo estaba inmóvil salvo el banderín que flameaba sobre el techo como si me estuviera saludando.
________Caminé kilómetros con la brújula contra el pecho. Por alguna extraña razón, ir hacia el norte era ir hacia mis hermanos. En la carretera me crucé con varios soldados de regreso a sus hogares. Iban borrachos, cantando o en muletas. Algunos llevaban los labios pintados o coronas de flores, otros arrastraban cacharros como coches de boda y bailoteaban. Les pregunté por los gemelos y me arrojaron vodka en el pelo. Uno de ellos quiso posar su mano de tres dedos bajo mi falda agujereada. Tuve que evitar a los soldados durante el resto del camino. Me fui alejando de la carretera hacia los bosques.
________Cuando la luz se hizo naranja, nos detuvimos a descansar. Armé un fuego pequeño y me tendí con H sobre un par de frazadas anudadas. El frío me lastimaba los pies impidiéndome leer. Le fui contando a H mis historias predilectas de memoria. Le conté la historia de las mujeres muertas en el cuarto del noble barbudo, la de los dos hermanos que se comían una casa, la del hombre que despertaba convertido en insecto. Hablaba y mi voz se enredaba en el bosque. No tenía miedo de los animales pero prefería que no me miraran desde atrás de los árboles.
________Era de noche cuando me desperté con la cara mojada. Todo estaba oscuro y la lluvia se empeñaba en hacer sonar las hojas. Aún dormida supe que debíamos buscar un refugio. Puse a H. en mi bolsillo y empecé a corretear hacia cualquier parte. A los pocos metros, estaba empapada y furiosa.
________Cuando ya pensaba en mi cuerpo flotando en el barro y el mundo después de mí y mi madre en bata por el paraíso, vi el borde de una casa en un relámpago. Golpeé la puerta con los puños helados. Me abrió enseguida un niño albino de unos tres años. Como un ángel de la nieve sostenía la puerta y sus calzones en la otra mano. Le pregunté si podía entrar cuando asomó una mujer blanca y vieja con un cigarro. Los dos piel blanca me miraron raramente; yo era una muñeca de barro. La vieja dijo algo al niño que no entendí. Sus bocas eran blancas, como sus pelos blancos, como su forma de hablar. Lo único que se distinguía en sus cuerpos eran los ojos negros que se agitaban como si quisieran salirse de los párpados. Finalmente, la vieja me envolvió en una toalla y me dio chocolate caliente para dormir. Esa noche soñé que mis hermanos eran ciegos y atravesaban un puente tomados del brazo. Cuando desperté, el niño blanco jugaba con H en la cocina. Le había pintado con crayón un par de ojos vulgares y le hablaba. Iracunda lo golpeé con el diccionario y el niño empezó a llorar. Nunca vi a nadie llorar de ese modo. Abría la boca sin dientes en un grito como perros cayendo por un acantilado. La vieja le tiró un vaso de agua y el niño enmudeció. Quise disculparme pero no me entendieron. Sin inmutarse, la vieja albina puso mis cosas en la puerta y me ofreció un cigarro.
________Afuera, la mañana hacía brillar los pastos mojados y verdes y mi vestido flameaba en un palo para que lo secara el viento. Yo marchaba fumando en bombacha y botitas como una heroína blandiendo su bandera. El sol se incrustaba alrededor de la nuca y el pelo me golpeaba la espalda al andar. Yo era feliz y H era feliz y el mundo era un sinfin de formas adorables.
________Así estuvimos varias horas hasta que encontré un lago donde bañarnos. Primero, le lavé los ojos al pintarrajeado H y después, me puse a nadar llevándolo de la mano. Nos sumergíamos y salíamos a la superficie chapoteando. Yo cantaba una canción debajo del agua. Una canción que había oído cantar a lo soldados.
________En el atardecer de ese día llegamos a la frontera. Un gran alambrado rodeado de hombres sin flequillo, vestidos de verdes y rojo y con escopetas. Cuando me acerqué, vi que algunos jugaban pingpong sobre sus escritorios, mientras otros leían revistas de moda o remontaban barriletes contra el alambrado. Yo pasaba entre ellos tratando de no llamar la atención cuando un perro con visera empezó a ladrarme las rodillas. Automáticamente, uno de ellos levantó la cabeza, hizo señas para que me detuviera y me pidió los papeles. Yo le expliqué que iba a buscar a mis hermanos. Por supuesto que el oficial no comprendió mis palabras. En ese momento comencé a preocuparme, la guerra había destruido el idioma de mis padres o todos eran extranjeros en mi tierra o yo hablaba una lengua que existía sólo en mí. Mientras pensaba estas cosas, el soldado me arrebató la mochila y la empezó a revisar. Cada objeto que sacaba lo exhibía con el brazo extendido. Los libros de cuentos, el abrelatas, las bombachas con mi nombre escrito en marcador, la cajita de los dientes de leche. El resto de los ociosos se fue agrupando alrededor completando un coro de murmuradores. Yo sólo rogaba que no se toparan con H. pero después de varias exhibiciones, el oficial metió su brazo peludo en la mochila y lo encontró. Lo levantó hacia el sol mientras el coro de expectantes lo señalaba con el dedo. Entonces lo arrojó por el aire y el huevo dio tres vueltas sobre sí. Cuando lo atrapó hizo un gesto de magia haciéndolo aparecer tras el lóbulo de mi oreja. Los soldados aplaudieron y se retiraron. Yo metí la mano sucia en el bolsillo, busqué el lápiz y escribí los nombre de mis hermanos. Al ver los nombres el oficial se sonrió y me dio un mapa de la ciudad. Allí hizo un círculo rojo alrededor de algo que parecería ser una iglesia o un hospital.
________Cuando atravesé la frontera ya era de noche. Toda la ciudad estaba coronada con luces de colores. Como en una gran feria, la gente bailaba y bebía entre las casas bombardeadas. Un viejo en una silla de ruedas giraba alrededor de un grupo de muchachas que cantaban. Una pareja se besaba contra la pared de una casa sin techo. Tres chicos correteaban a otro y le arrojaban escombros. Un joven con un parche en el ojo miraba la calle desde el enorme agujero de la fachada de una escuela. Él y yo éramos los únicos en toda la ciudad que no estabamos bebidos o trotando entre los restos.
________Crucé el gentío en dirección al joven tuerto con el mapa colgando de la muñeca. Él desvió su ojo celeste hacia mí y pensé en el ojo roto debajo del parche. Su rostro bombardeado como la escuela. Con los brazos estirados, le mostré el círculo rojo en la ciudad. Él se inclinó al pasar a través del orificio en la pared. Sin decir una palabra, se puso a caminar para que lo siguiera.
________Yo iba tras él parpadeando tontamente. Él era muy alto y tenía la cabeza repleta de rulos y el ojo celeste y los pies en botas de lluvia. Caminaba como si atravesara un incendio. Yo tropezaba en cada esquina tratando de seguir sus pasos. A veces, él se daba vuelta hacia mí y me dedicaba un gesto. En esos momentos, mis costillas temblequeaban y quería morir. Nunca nadie me había mirado con un sólo ojo como si me mirara con todos los ojos del mundo.
________Al llegar a una enorme cruz roja nos detuvieron. Un par de hombres con delantales blancos lo interrogaron en su lengua. Supuse que le preguntaban sobre mí. Él contestaba con una voz ronca mientras ellos gesticulaban. Este teatro de réplicas duró hasta que él sacó un carnet del bolsillo inferior y los hombres se dejaron caer a los costados de la puerta.
________Cuando entramos al hospital, mi guía me agarró de la mano. Su mano era el borde de un ala, un telgopor, las formas del azúcar en el suelo. Yo iba prendida de él como si ya no pudiera caminar. Sabía que estaba muy cerca de mis hermanos.
________Descendimos en el piso superior sin despegar los pies. La luz de cientos de veladores trazaba cien círculos alrededor de un centenar de catres con hombres fumando. Algunos tenían las piernas colgando de roldanas o les faltaba una mano o la nariz. Otros lucían el cuerpo fruncido de costuras. Yo los miraba achinando los ojos para ver mejor. Ninguno era pelirrojo o llevaba un gemelo a su lado. A punto de refunfuñar tiré del brazo de mi adorado. Él se sonrió y con el dedo índice apuntó hacia el techo de la sala.
________En el tercer piso la luz era tenue. Las camas estaban rodeadas de máquinas donde se incrustaban tubos repletos de líquidos que iban hacia las venas de los durmientes. Las máquinas bombeaban, titilaban y resoplaban una rara canción metálica. Todos dormían o permanecían inertes con los ojos en el borde de las cosas. Dimos un par de vueltas y yo me empecé a marear . Cuando salimos de la sala mayor, vi una habitación pequeña con un cubo cubierto de telas celestes. Quise correr las cortinas pero el tuerto frenó mi mano. Pasó a través de ellas haciéndome señas de que esperara. Un minuto después me dejó entrar, sentados en camas había dos hombres con las cabezas vendadas. Al principio, no los reconocí: las máscaras blancas tenían un sólo agujero para la boca. Después vi sus brazos y quise llorar. Eran los brazos de mis hermanos.
________No hablaban ni hacían morisquetas ni expresaba ningún dolor. Eran dos muñecos de nieve conectados a un monitor verde. Lo único que hicieron al escuchar mi voz fue golpearse los pies uno con otro. Después de eso, no hubo nada que los hiciera reaccionar, ni los apodos familiares, ni el olor de mi frente, ni los saltos en el colchón. Estaban encerrados dentro de ellos y entre sí. Cuando uno giraba la cabeza, el otro lo imitaba.
________Pasé horas mirando sus fundas blancas sin poder dormir. El de cabello ondulado y botitas me había cubierto con una manta antes de marcharse. Acurrucada en un sillón de visitas, me retorcía con H. entre las manos. Esa noche soñé que volaba en un globo aerostático con H, el tuerto y mis hermanos.
________Cuando desperté, una enfermera de pelo largo empujaba cucharas de sopa en los agujeros de la boca de los vendados. Al verme despierta, se acercó hasta mí y me tocó la frente con su mano diminuta. Levanté la cabeza y pude ver tres lunares en hilera en el borde de su ceja. Me incliné para sentarme y sentí algo crujir. Quité la manta y encontré los restos de la cáscara blanca entre mi ropa. La enfermera se sonrió mientras doblaba la frazada. Yo junté las partes del cascarón y las puse en una caja sin decir nada.
________Con el pasar de los días los gemelos empezaron a despertar. Se paraban, caminaban algunos pasos, movían las manos tocar la comida o a sus visitantes. También decían algunas palabras como: “sopa”, “ombligo”, “ventana de vidrio” en el idioma de nuestros padres. A veces, cuando venía el tuerto a visitarlos, le decían “señor” y hacían un ruido con la panza, como una risa para adentro. Su rostros seguían cubiertos por los vendajes que con el tiempo tomaban la forma de raros rasgos.
________Yo ,por mi parte, había encontrado asilo en la casa de la enfermera. Ella tenía una casa pequeña con un gallinero y una huerta. A la mañana, me pasaba las horas mirando a las gallinas y pensando en H. Me lo imaginaba como un pájaro blanco o una tortuga pequeña o un lagarto. Lo veía lamiendo escombros, mirando el sol, durmiendo. No podía entender qué lo había hecho nacer y darse a la fuga, por qué no había permanecido conmigo. Cuando pensaba estas cosas me acordaba de mi madre y su bata celeste y me ponía a escribir. Salía, tomaba el tren al hospital y llenaba mi libreta verde de anotaciones. Escribía largas historias de amor contrariado entre el tuerto y la enfermera. Todas terminaban con asesinatos, mutilaciones o suicidios escandalosos. Al llegar al hospital se las leía a mis hermanos y ellos las escuchaban babeando o se orinaban de felicidad.
________Cuando terminaba el día, la enfermera me llevaba de la mano a través de la ciudad bombardeada. Algunas veces, el del parche en el ojo nos acompañaba en silencio. Por las noches soñaba con dientes enterrados entre la nieve.
________sueño que dormimos en trampolines estacionamientos salas de espera teatros terrazas tazas de té tocadiscos piletas de lavar. sueño que dormimos mientras dormimos en casas con persianas que recortan baldíos empapelados de carteles que son destrozados por la lluvia que lastima las calles de los barrios caros de la ciudad de los televisores diminutos y las máquinas de posar. dormimos entre los autos de policía y los recolectores de basura y los teléfonos de mentir y las jarras de leche. la noche es un perro bajo la cama o las sombras de los azulejos sobre la bañadera vacía. a veces somos dos gemelos chinos cortándose las uñas de los pies en un balcón. otras veces desde el aeropuerto de los ojos vemos las heladeras ajenas en las ventanas ajenas o pedazos de familias que comen y se peinan y hacen el desfile de los hijos en pijama. nuestra tarea consiste en fotografiar las
________horas albinas del insomnio o simular el pacto de los párpados cerrados. de mañana miramos las autopistas entre monoblocks apilados como juguetes en un orfanato sin patio. nuestras cabezas ignoran el sol como las avestruces cuando la nieve se acumula debajo de la almohada. da miedo salir de la cama montar el uniforme acomodarse los dientes el pelo tomar el tren para dar la lección perder los libros en el tren preparar las valijas abandonarlo todo.
Lola Arias
lolaarias@gmail.com
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